¿Y los partidos políticos?

Es de suponerse que un partido tiene un proyecto de sociedad pero también, a cada momento, debe tener una propuesta política, la cual –también se supone—debe corresponder con su programa.

Ahora, el PRD –un partido sin propuesta política y con un programa al que casi nadie atiende—dice estar dispuesto a realizar alianzas electorales con el PAN. Hace unos meses se debatió sobre las alianzas con el PRI. Lo único que le falta al PRD es empezar a discutir posibles alianzas con el llamado Verde y con Alianza Social.

El PRD será necesario en tanto que posea un planteamiento propio, pero no sólo de sociedad, sino de política, es decir, de administración de los asuntos del Estado. Será necesario también en tanto defienda sus aspiraciones de libertad y de igualdad que no son compartidas por el resto de los partidos. Cuando todo esto no importe –ya está llegando el PRD a ese pantano—su existencia no será en absoluto necesaria ni deseable.

La singularidad de un partido no implica, sin embargo, que jamás tenga coincidencia práctica con otros partidos. Las alianzas, convergencias, acciones comunes, etcétera, son herramientas indispensables de cualquier partido con principios propios. Es más, cuando el resultado de cualquier negociación tiende a ser favorable al planteamiento de fondo de un partido, aunque ello implique ceder por el momento en algunos puntos secundarios, tal partido tiene la necesidad de llegar al acuerdo con sus adversarios. Pero tales convenios no significan una alianza sino la condición elemental de la lucha política mediante métodos no violentos, y aún bajo éstos.

Las alianzas electorales con el PAN deberían ser imposibles para el PRD. En el pasado se hicieron (Yucatán y Chihuahua), pero con los peores resultados, como era de esperarse, se diría. Acción Nacional, por su parte, no es capaz de hacer una alianza para apoyar un candidato a gobernador que sea dirigente del PRD. Pero, ahora, nos salen algunos líderes de este partido con la idea de que el PRD sí puede apoyar a un líder panista. Si el propósito electoral del PRD es impedir que gobierne el PRI en algunos estados, ¿para qué existe el perredismo como opción singular?

El asunto de Oaxaca tiene su particularidad, pues el posible candidato no es miembro del PAN sino de un partido que ha sido aliado del PRD. La ley electoral de ese estado impone candidaturas comunes de la totalidad de los candidatos –gobernador, diputados, ayuntamientos—por lo que las cosas se complican, pero aún bajo tales condiciones el PRD podría tener un candidato común con una persona que no encarnara el programa del PAN, es decir, que no tuviera partido o fuera de otro partido diferente al PAN y al PRD. Este tipo de acuerdos son válidos sobre la base de unos cuantos propósitos comunes y en una relación en la que ningún partido subordine al otro. Se trata, entonces, de una convergencia acotada que no anula el programa de cada cual ni la necesidad política de la existencia de ningún partido.

En México existen tres partidos relevantes. Es más fácil la unión entre el PAN y el PRI, con programas muy semejantes –véase la conducta de ambos partidos en 16 estados sobre la interrupción voluntaria del embarazo–, que entre cualquiera de esos dos y el PRD que posee un programa totalmente diferente a los partidos de la derecha. Sin embargo, en el campo electoral, los priistas y los panistas no realizan coaliciones. Ellos saben que su existencia depende de su singularidad. En cambio, en los parlamentos, casi siempre se ponen de acuerdo porque tienen coincidencias de fondo.

Si el PRD quiere sobrevivir tiene que asumir una propuesta política clara, propia, definida, asimilable por sus miembros y votantes. ¡Cuánta falta hace en el PRD una nueva dirección!