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Peña Nieto se vuelve a equivocar con Trump y el muro

 

La tesis enunciada por Luis Videgaray, en Madrid, sobre lo que él denominó “pleno derecho soberano de Estados Unidos para proteger sus fronteras” mediante la conclusión del muro fronterizo, es otro error del gobierno de Peña Nieto. La soberanía de los países tiene límites. Existen normas y principios de convivencia internacional, en especial cuando hay vecindad territorial. El muro es en sí mismo una agresión contra México.

Si el gobierno de Peña está pensando que es conveniente separar el tema del muro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, pierde el tiempo y comete de nuevo un error. Una cosa y la otra forman parte del mismo problema: la imposición por parte de Donald Trump de nuevas bases de relación con México.

Si el gobierno de Peña está pensando en que hay que hacer mutis en el tema del muro porque éste no va a ser costeado por el Congreso estadunidense, se vuelve a equivocar porque hay fondos anuales autorizados para la frontera y el punto sería sólo el tiempo que demore la realización completa de la gran obra.

Si el gobierno de Peña está suponiendo que puede lograr bajar el nivel de xenofobia de la Casa Blanca contra los mexicanos y los centroamericanos sólo con poner buena cara, se está engañando a sí mismo. El rechazo a esos “hispanos” del sur tiene su base en la forma en que se analiza la economía por parte de ese hostil segmento de la derecha estadunidense.

Si el gobierno de Peña considera que puede unir a las fuerzas políticas de México bajo la tesis de presentar el muro como un acto soberano de Estados Unidos, en el marco de una dizque no intervención en asuntos internos de otros países, está en un error porque no se trata tan sólo de un problema político de los estadunidenses sino del intento de escindir una vecindad geográfica compartida que se ha convertido en algo social y nacional a través de poco más de siglo y medio, desde que los territorios del extremo norte le fueron amputados al Estado mexicano.

Si Peña está suponiendo que todos sus subordinados van a estar de acuerdo con el mutismo político que anuncia el secretario de Relaciones Exteriores sobre el tema del muro, se equivoca de nuevo porque éste tomará más fuerza y generará mayor rechazo en tanto que, al paso del tiempo, Trump, u otro, insista en sus planes.

Peña se equivoca al suponer con ingenuidad o falta de información que en Estados Unidos solo Trump quiere el muro. Hay millones que lo quieren, esa es la verdad que no se reconoce a las claras. El principal inconveniente es su financiamiento frente a su posible utilidad, por eso Trump inventó aquello de que México tendría que pagar y de esa forma logró una gran adhesión. El tema del muro ha estado presente por décadas en la política estadunidense y seguirá con Trump y sin éste. Pero, al mismo tiempo, permanecerá vigente como problema dentro de México: es un asunto de la relación entre ambos países, por tanto, obviamente, es un tema mexicano, aunque lo intente negar Videgaray.

El Congreso, en especial el Senado, que tiene facultades directas y expresas, debe deshacer la tesis de Enrique Peña Nieto sobre el muro “soberano” de Estados Unidos. He aquí una tarea nacional.

Cobro del botín

Si no quieres pagar ni vengas a Washington, en pocas palabras fue lo que le dijo Donald Trump a Enrique Peña Nieto temprano de mañana el jueves 26 de enero, a través de un twitt, luego de lo cual el presidente de México envió a la Casa Blanca un mensaje formal, anunciado en otro twitt, cancelando la entrevista que había sido fijada para el próximo 31 de enero. No es mentira que Trump sea un patán, además de otras muchas cosas.

Según Trump, a partir del inicio de las obras tendientes a completar el muro fronterizo sur de Estados Unidos, México se convierte en deudor de los gastos, es decir, se trata de un empréstito forzado para cubrir el costo de la obra o del reclamo de una indemnización por algún daño o perjuicio. Aquí no hay ley alguna.

En su twitt, Trump escribió una primera frase en la que afirma que EU tiene un déficit comercial con México de 60 mil millones de dólares, que el TLC ha sido unilateral desde el principio y habla de “empleos y compañías perdidos”. A partir de estas ideas añade que si México no admite pagar sería mejor cancelar la reunión. Es evidentemente una respuesta al mensaje de Peña de la noche anterior la cual había sido, a su vez, una respuesta a la firma de la orden ejecutiva de construir el muro.

Así, por vez primera, Trump se refiere a lo que eventualmente sería la base de la indemnización reclamada: el déficit estadunidense con México. El nuevo presidente podría estar pensando que los 15 mil millones requeridos para apuntalar y terminar de construir el muro ya existente no son gran cosa comparados con el déficit comercial.

Trump sabe de sobra, sin embargo, que ese superávit comercial mexicano no es propiedad pública y gran parte se compone de las ganancias de compañías estadunidenses que aprovechan las ventajas competitivas de operar en México.

El vocero de la Casa Blanca ha dicho ya que el muro se pagará con un arancel de 20% sobre las importaciones procedentes de México. Eso sería mucho más dinero, en un solo año,  que el costo del muro, pero tampoco lo podría hacer legalmente Estados Unidos pues ambos países, aún sin TLC, seguirían siendo miembros de la Organización Mundial de Comercio bajo la norma de que los aranceles son iguales para todos. Sin embargo,  por lo pronto, los líderes republicanos en el Congreso ya dijeron que aprobarán el gasto con base en la “Ley barda segura” de 2006, aún vigente, que fue aprobada por congresistas de ambos partidos, entre ellos Barak Obama y Hillary Clinton.

En las guerras, los estados vencedores solían fijar y cobrar gastos de guerra a los vencidos. Pero aquí no se ha producido conflicto armado alguno. Al respecto, podría recordarse que la línea fronteriza actual entre los dos países fue trazada por Estados Unidos después de una guerra de expansión territorial. Es decir, la border es suya en todos sentidos. Es irónico exigirle ahora a México que pague el costo de la muralla de separación con el territorio que le fue expoliado.

El planteamiento de Trump es falso porque el muro en sí mismo no afectaría el comercio entre los dos países. El muro es absolutamente independiente del déficit comercial estadunidense, tanto del actual como del que llegue a tener en el futuro. No obstante, si México fuera unilateralmente “expulsado” de la OMC por parte de Estados Unidos y este país le impusiera la tarifa arancelaria del 20% ya anunciado por un tal Spicer en nombre de Trump, entonces no se resolvería ni lo del muro ni lo del TLC sino que se iniciaría una subversión del comercio mundial, una guerra arancelaria que sería la más estúpida (por sus motivaciones, en este caso el muro) de cuantas ha conocido el capitalismo.

Tampoco serviría el muro para detener el tráfico de drogas hacia el norte como ya se ha visto.

Las armas procedentes del norte pasan por los puestos fronterizos mientras que los terroristas procedentes del extranjero ingresan de cualquier manera.

Finalmente, Trump dice que el muro protegería a México de los emigrantes centroamericanos, pero esos no quieren venir sino ir a Estados Unidos, es decir, según Trump, dejarían de llegar millones de personas procedentes de Centroamérica. Ya se sabe que la emigración de mexicanos sin visa ha ido en descenso y que el número de deportaciones ha ido en aumento: Obama deportó más de dos millones de mexicanos en mandato y el año pasado fueron más de 200 mil. Mas también se sabe que los turistas mexicanos gastan en Estados Unidos 20 mil millones de dólares cada año, casi lo mismo que el monto de las remesas de trabajadores mexicanos.

El muro es una estupidez si se le analiza desde el lado de lo que afirman sus autores, los de antes y los de ahora. Pero no lo es desde el ángulo de la xenofobia. En realidad, quieren convertir la línea divisoria en una muralla que señale con absoluta claridad que detrás de ella hay una autoridad que odia recibir a cierto tipo de personas. Los mexicanos y los centroamericanos están entre los más indeseables para gente como Trump, según hemos podido advertir. Esto no es nuevo pero no se había expresado tan claramente desde la Casa Blanca.

Así que el “derecho de cobro” es producto de la xenofobia aunque se exprese ridículamente en un lenguaje comercial de parte de un comerciante que da órdenes ejecutivas. Con el cobro, se le dice a México: tú eres el culpable del repudiable asedio sobre mi frontera por lo cual tú mismo pagarás el costo de la muralla.

Mas Trump quiere hacer también unos muros internos: ha ordenado que la autoridad federal organice a los vecinos de ciertos barrios para denunciar a los indocumentados y poder arrestarlos en sus viviendas. Ha penalizado a las ciudades y pueblos “santuarios” cuyas autoridades no entregan a los indocumentados a la Migra, la cual será también fortalecida en la frontera y tendrá capacidad para albergar a muchos más que los 40 mil detenidos que ahora retiene simultáneamente en vía de deportación.

Mientras, estamos esperando que Mr. Trump firme otro papel para dar inicio al procedimiento de denuncia del “unilateral” (one-sided) TLC (NAFTA) que abarcaría seis meses de negociaciones, reales o supuestas, según el clausulado vigente.

País a la venta

La inversión extranjera directa no es despreciable de por sí. El problema es que el Estado, administrador por cuenta de la nación de los yacimientos de crudo y gas, decide traspasar parte de esa riqueza a empresas privadas. Los inversionistas van tras un 40 por ciento del valor del producto. Pero México podría ir por toda la ganancia y, además,  desarrollaría la ingeniería y la tecnología que tanto hace falta en un país atrasado.

Dos de las asignaciones en la zona marítima conocida como Perdido han sido otorgadas a consorcios en los cuales Pemex es socio minoritario. En una de las áreas ya se han hecho trabajos de exploración, la inversión es por tanto muy segura. Los nuevos socios mayoritarios de Pemex en esos proyectos serán la australiana BHP Billington, para el campo Trión (120 mil barriles diarios), y Chevron (EU)-Inpex (Japón).

Las otras trasnacionales beneficiadas con siete contratos adicionales, agrupadas todas ellas en diferentes consorcios, fueron: Statoil (Noruega); BP (Gran Bretaña); Total (Francia); ExxonMobil (EU); Offshore Oil Corporation (China); PC Carigali (Malasia). Ha sido un festín para esas empresas las cuales ampliarán sus operaciones hacia la zona sur del límite internacional marino del Golfo de México.

Todo lo que se pueda hacer con esos nueve contratos para aguas profundas pudo haber sido planeado hace diez años exclusivamente por Pemex de tal forma que ya estarían en actividad varios campos. Pero durante ese lapso el Estado mexicano, sus grupos políticos decisorios, se dedicaron a ponerse de acuerdo poco a poco hasta que al final definieron la forma exacta en que privatizarían los yacimientos de hidrocarburos. Mientras, siguieron dejando a Pemex sin recursos propios con el fin de que contratara empréstitos que en los hechos y en forma ilegal financiaran el gasto corriente del gobierno. La empresa petrolera estatal mexicana fue ahorcada también para justificar las actuales subastas petroleras a favor de trasnacionales. Sin embargo, al día siguiente de la asignación de nuevas áreas Pemex lanzó una oferta de deuda para obtener 4 mil millones de dólares pero contrató 5 mil 500 de una demanda de 30 mil. El petróleo sigue siendo negocio aunque el gobierno federal ya no lo quiera operar. Los inversionistas privados se arrebatan los papeles.

La política petrolera del gobierno es una de las formas de poner un país a la venta pues se trata de bienes nacionales no renovables (crudo y gas) cuyos precios son variables y constituyen además reservas de largo plazo. Aunque sea una enajenación parcial, ya que una parte del dinero se quedará como impuestos y otros ingresos, no se puede ocultar el carácter de venta de los yacimientos. Los contratos se firman con una duración que está determinada por la existencia productiva de los pozos y el número de éstos en cada depósito natural será el necesario para extraer todo el hidrocarburo posible. Es evidente que el yacimiento es lo que se está vendiendo con independencia de la forma de determinar el precio del mismo.

El problema no termina ahí. La concesión a las trasnacionales implica que México renuncia a un desarrollo de la ingeniería en general y de la tecnología petrolera. Un país atrasado debe usar sus riquezas naturales no sólo para el gasto social sino principalmente para construir las estructuras productivas permanentes a través de las cuales se forjen trabajadores más productivos y con mayores ingresos. Lo que México requiere no sólo es vender materias primas sino transformarlas y aprender a producir más y mejor. Esa no es la política del gobierno.

La subasta de yacimientos ha sido presentado como un respaldo del “mercado” a México como economía y como gobierno. Eso lo ha dicho el secretario Meade, pero no es más que propaganda. Las trasnacionales han venido a hacer negocios altamente redituables –eso es lo suyo– aprovechando el entreguismo del PRI y del PAN que fraguaron todo a espaldas al país. Como la Suprema Corte negó la consulta popular sobre la reforma energética, solicitada separadamente por el PRD y Morena, la nación fue ubicada en situación de indefensión, pero sólo por lo pronto, es decir, mientras no sean removidos del poder ambos partidos causantes del innecesario e inicuo remate de bienes de la nación.

Francisco: misericordia pero también solidaridad

Escribo esta carta abierta a Francisco, pontífice máximo de la Iglesia Católica, para exponerle que ningún pueblo en verdad perdona a sus opresores. Pedir perdón como usted recomienda es quizá un refugio del ofensor pero, cuando hubo dolo, jamás podrá reparar el daño y ni siquiera reconfortar al ofendido aunque ése lo conceda por necesidad, conveniencia o sencilla piedad. Los integrantes de los pueblos originales de América han sido víctimas de crímenes y vejaciones durante siglos. No sólo sus valores fueron considerados inferiores, como usted ha dicho en Chiapas, sino ante todo ellos han sido tratados como inferiores.

La idea que usted expone de que los integrantes de los pueblos indios han sido excluidos es vieja pero falsea la realidad. En verdad los indígenas fueron incorporados desde un principio, su fuerza de trabajo fue usada para cultivar la tierra y producir los alimentos de todos los habitantes, para explotar las canteras, para escavar las minas y extraer los metales, para construir los palacios y las catedrales, entre otras muchas grandes obras. Han creado también ciudades o partes de ellas. Siempre han estado incluidos en el sistema socio-económico, son uno de los segmentos de éste. La cuestión ha sido que su lugar es el de los expoliados, explotados, vilipendiados por los opresores de antes y de hoy. De donde sí se les excluyó fue del poder político, desde la Colonia hasta nuestros días.

A la luz de esta parte de la realidad, la misericordia es digna de ser reivindicada dentro del catolicismo como usted lo ha venido haciendo, pero carecerá de suficiente fuerza renovadora en tanto no vaya acompañada de la solidaridad. Usted mismo lo ha dicho en Chiapas donde, parafraseando quizá al Popol Vuh o al Éxodo, habló de una tierra donde “la injusticia sea vencida por la solidaridad”. Sí, la misericordia puede reconfortar a muchos y mejorar la actitud del clero pero la solidaridad es indispensable como medio de acción en pos de una obra social. Usted mismo ha rendido homenaje a nuestro querido Samuel Ruiz, quien fue sometido a comparecencias en el Vaticano debido a su solidaridad con los pueblos indios de Chiapas y con otros muchos que luchaban por sus reivindicaciones sociales y su libertad. Usted convocó en Morelia a los sacerdotes a salir a la calle a predicar, lo cual no hacen por lo general, pero también creo que usted mismo puede darse cuenta que la prédica tradicional es ya inoperante y que se requieren los instrumentos de la acción solidaria con quienes luchan por cambiar la vida.

La crítica que usted hace del clero católico quizá sea adecuada tal como la expresa.  Además, su rechazo a la corrupción y la violencia es del todo bienvenida por la inmensa mayoría. Pero sin compromiso solidario todo eso quedará en buenos deseos y grandes discursos. Si el alto clero católico fuera capaz de jugar un papel nuevo ése sería el de la acción solidaria con quienes luchan por cambiar el mundo de injusticia en el que vivimos. Así lo hacen, como vemos, no pocos sacerdotes e incluso algunos obispos. Pero sería necio negar que otros, los de mayor jerarquía, asumen actitudes de simpatía con el sistema injusto y opresor donde por cierto se origina esa brutal enfermedad mexicana que es la corrupción, la cual pocas veces es levemente criticada por esas jerarquías eclesiales que hablan sin autorización alguna en nombre de todos los católicos.

Entiendo que su lucha es desigual pero si usted mismo se detiene ante la incomprensión de los suyos, ¿qué podemos esperar de muchos otros que no tienen la fuerza moral de un Papa? La obra civilizatoria de nuestros días no sólo es acabar con las guerras y defender el planeta sino es también superar el estado de opresión en el que se encuentra la inmensa mayoría de la humanidad. Para ello es preciso luchar con los instrumentos de la solidaridad. Una iglesia solidaria ha sido aspiración de aquellos que desde el sacerdocio nos han mostrado caminos de acción para superar la injusticia y las desigualdades. ¿Es imposible una ruptura con todo aquello que impide la acción de una iglesia que busque un futuro mejor? Se dice que el clero no es un partido aunque con frecuencia asume posiciones políticas. Pero no es una militancia lo que se espera de los sacerdotes sino la solidaridad con quienes pugnan por la fractura de las estructuras sociales imperantes y el consecuente progreso colectivo. La misericordia sola servirá para reconfortar a la gente, para comunicar sentimientos, pero no para cambiar la sociedad injusta.

En discrepancia con usted creo que no es la pobreza una cantera de la violencia criminal sino el resentimiento provocado por la injusticia y la falta de perspectivas ciertas de vida. Sus causas directas son el carácter inservible del sistema para superar el atraso social y la desigualdad, y el Estado corrupto que nos agobia, pero también la cobardía para regular lo que hoy está prohibido y, por tanto, ha sido convertido desde el poder en un inmenso negocio de bandas proscritas de narcotraficantes que se reproducen incesantemente ante la inoperancia de los gobiernos en el mundo entero.

Creo que usted dejó pasar la oportunidad de tener un diálogo directo con los padres de los jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa. Digo que era una oportunidad porque, aunque se molestara el gobierno mexicano, le hubiera permitido a usted subrayar algo emblemático con pocos precedentes recientes. La tragedia de Iguala fue producto de una acción criminal conjunta de policía y delincuentes organizados, es decir, un producto directo del Estado corrupto. La misericordia pudo haberse aquí combinado con la solidaridad: fue una oportunidad perdida… de momento, tal vez.

¿El Islam es terrorista y está en guerra con Occidente?

Carta abierta e impersonal a Norberto Rivera Carrera

El semanario Desde la fe, órgano de la Arquidiócesis Primada de México, ha publicado un editorial (23.11.2015) titulado “la violencia terrorista del Islam”, en el cual se afirma: “… nuestro país pertenece cultural e históricamente a ese Occidente al que el Islam ha declarado la guerra”.

Bajo la conducción de Norberto Rivera Carrera, el arzobispado metropolitano se ha distinguido por brindar opiniones polémicas y generar enfrentamientos de contenido político, pero no había hecho hasta hoy proclama belicista, cuestión por lo demás cuestionable también a la luz de postulados contemporáneos de la iglesia romana. Lo más duro del editorial no consiste en la confrontación de Rivera con el clero al que pertenece sino con el país del que es ciudadano y con el mundo occidental cualquiera que sea la acepción de Occidente a la que él mismo se adhiera.

El Islam no ha declarado ni ha realizado actos de guerra contra Europa Occidental, Estados Unidos y demás países de la misma “pertenencia cultural”. Ni siquiera ha sucedido esto con la otra gran zona cristiana compuesta por los países eslavos, entre otros. Pero, para mayor concreción, ¿hay un “verdadero choque de culturas más que de religiones” como suscribe Rivera?

Dentro de la tesis de la “guerra cultural” entre el Islam y Occidente, expuesta atropelladamente por Rivera en su editorial, no existe el menor análisis de la guerra de Siria, de los 200 mil muertos, musulmanes en su inmensa mayoría, de las intervenciones de las potencias occidentales y de Rusia, así como de otros países de mayoría islámica. Para abordar la “guerra del Islam y Occidente”, Rivera ignora la guerra de verdad, la que ha desangrado a un país entero. También ignora a todo efecto práctico la acción terrorista y más aún los efectos de ésta, las reacciones de varios gobiernos, la suspensión de derechos y libertades, el fomento del racismo y la discriminación, la desconfianza étnica contra los árabes, la intensificación de los bombardeos en Siria, el atentado en la capital de Malí.

 

Rivera expone entre sus pruebas algo atroz: “¿Cómo podemos explicar –escribe– que el Islam no hunde sus raíces en la violencia cuando vemos que sus líderes y jefes se deslindan, a regañadientes, de esos actos de barbarie diabólica, y no se atreven a hacer una condena contundente?” Tenemos un arzobispo que podría estar peor que los cruzados de la Edad Media, los cuales al menos reconocían la pretensión de enriquecerse como parte de las guerras contra el Islam.

 

El arzobispo llega al extremo de echar en cara a los “cinco millones de musulmanes” que viven en Francia el no haber realizado “una marcha multitudinaria condenando sin regateos el atentado”. Al margen del hecho de que las manifestaciones en Francia están prohibidas al menos por el momento, habría que preguntarle a Rivera parafraseando al papa Francisco: ¿quién eres tú para juzgar así a esos millones de franceses sólo porque su religión no es la tuya?

 

Norberto Rivera quiere llevar a México al odio contra el Islam tomando como un simple pretexto el terrorismo yihadista procedente de Medio Oriente y de Europa misma. Vivimos un mundo ya enloquecido de por sí como para tener que inventarnos otro peor por consejo de un arzobispo.

23.11.2015

Yanis Varoufakis

“Portaré el odio de los acreedores con orgullo” ha dicho Yanis Varoufakis al dejar el ministerio de finanzas de Grecia y, al tiempo, se ha convertido en un referente indispensable de la historia de la lucha contra los poderes financieros del mundo. Varoufakis ha dejado su cargo por demanda de los acreedores a quienes por lo visto les faltan argumentos con los cuales vencer al griego. El pueblo de Grecia ha dicho no, lo cual no depende de que Varoufakis sea ministro de finanzas o un diputado sin cartera. Pero la actitud de éste, en consonancia con el gobierno del que formó parte de manera brillante, es lo que prevalece. Dadle a los cobardes la presa que más desean en sus ansias de venganza pues eso no comprometerá la decisión de todo un pueblo en rebeldía frente a los usureros de Europa.

La era de Crimea

No se debería poder hacer en el mundo lo que se quiera. Hasta hace poco, después de la disolución de la URSS y de la superación de la guerra fría, Estados Unidos apareció como la potencia que arrastraba a sus aliados a lo que fuera. La Rusia postsoviética apenas discrepaba. Pero el llamado Occidente empezó a abusar de su poderío mundial en la medida en que encontraba entre sí las bases estratégicas de su propio abuso. Así fueron incorporados a la Unión Europea varios países de la anterior órbita soviética y, también, a la OTAN, lo cual fue siempre objeto de protesta rusa.

No es lo mismo tener a esa potencia nuclear llamada Rusia como amiga y admiradora del capitalismo, aunque en una versión francamente muy corrupta, que cercarla con la alianza atlántica que es un alineamiento militar-político determinante. El entorno de Rusia tiene en Ucrania un elemento estratégico y lo que ahí ocurra es demasiado importante para el futuro ruso. Esto parece ser ignorado, oficialmente, por ese llamado Occidente. El problema no era sólo la península de Crimea —con la flota rusa ahí radicada— sino toda Ucrania, la parte rusófona y la otra. Esto no lo entiende bien Obama quien le ha estado picando la cresta a la Europa de la Unión aún a despecho de las reservas que al respecto tiene Alemania, consumidor del gas siberiano.

El golpe contra el anterior gobierno ucraniano fue relativamente fácil, porque unió a muchos en su contra: los europeístas, la derecha nacionalista y los críticos del Estado corrupto. Pero Occidente no ha querido reconocer que el derrocamiento de ese gobierno hubiera sido mucho más difícil sin su propio apoyo. Europa y Estados Unidos obraron ahí como aprendices de brujo: desataron poderes que no conocían con una varita mágica que tampoco podían controlar. Putin imploró al nacionalismo ruso —potencia soslayada en Occidente— para unir en su entorno a la clase política de su país y a los rusoparlantes de Ucrania, que no son pocos ni tardos.

Después de Crimea las anexiones podrían continuar, pero Putin prefiere regresar el balón a la cancha de Occidente para que éste imponga una federación ucraniana que le permita a Rusia mantener sus relaciones normales con los suyos del otro lado de la frontera. Kiev no parece ver en esto una salida decorosa, mas Estados Unidos tampoco busca presionar al gobierno ucraniano para ceder después de la anexión de Crimea, considerada ilegal, sin el menor rubor, por parte de una potencia históricamente anexionista. El motivo es que Occidente no renuncia a incorporar a Ucrania a la Unión Europea y a la OTAN.

No se puede realizar una geopolítica acertada sin admitir que, a pesar de todo, ese llamado Occidente no está solo por más que Rusia se haya acercado al mundo armónico al fin descubierto.

En este rincón del mundo llamado México parece que allá no estuviera pasando nada. Muy pocos han comentado acerca del voto de reprobación —casi clandestino— de los diplomáticos mexicanos en la Asamblea de la ONU sobre la anexión de Crimea. Una abstención hubiera sido más precautoria y menos alineada. La verdad es que Crimea no quiso seguir siendo parte de Ucrania, lo cual no puede ser considerado como acto ilegal así como así. Cuando Rusia abrió sus brazos la mayoría de los habitantes de esa península se dejaron abrazar, muchos de los cuales se consideraban rusos regalados a Ucrania por Jruschov (ucraniano-ruso), episodio que sigue un tanto en la oscuridad analítica. Los mexicanos no quisieron recordar su propia Constitución en aquello de la autodeterminación de los pueblos, porque la anexión de Crimea fue presentada como una movida de ajedrez y no como una forma de aprovechar la crisis ucraniana para volver a una situación anterior. A final de cuentas, los rusos están volviendo a advertir a Occidente que debe detener su avance, lo cual ha sido desoído una y otra vez. Quizá Crimea inaugure una era.

Soberanía y energía

La soberanía de México depende en gran medida de su capacidad para producir la energía que consume y para asegurar dicha producción en el futuro.

La soberanía nacional sigue siendo un gran tema de todos los países. Sin embargo, no en todas partes tiene las mismas implicaciones y complicaciones. La cuestión de la energía es para muchos uno de los elementos principales del ejercicio de la soberanía.

Para México, una correcta estrategia soberana es producir su propia energía y asegurar el suministro futuro sencillamente porque eso es posible: tiene los recursos naturales. Sin embargo, las cosas se complicaron cuando los políticos neoliberales descubrieron que era más barato comprar gasolinas y petroquímicos en el extranjero mientras se vendía cuanto crudo fuera posible. Ahora, las cosas se han complicado aún más con la reciente reforma energética, que pretende compartir el crudo y el gas con las trasnacionales.

La soberanía de México depende en gran medida de su capacidad para producir la energía que consume y para asegurar dicha producción en el futuro, es decir, administrar sus reservas de hidrocarburos y promover la generación alternativa a través de medios diferentes a la materia fósil. Esto es lo que no se ha estado haciendo y lo que no se quiere hacer.

La energía no puede analizarse como si se tratara de una mercancía cualquiera ni debe verse sólo a través de criterios de comercio internacional. El crudo tiene un precio mundial establecido a través de mecanismos de manipulación de los niveles de producción para el mercado mundial. En consecuencia, las gasolinas de origen fósil llevan en la etiqueta el precio del petróleo. Con el gas ocurre un fenómeno similar, con la diferencia de que los precios de éste son de carácter regional.

El crudo y el gas son grandes negocios de trasnacionales y de países productores. El esquema de industrias nacionales es el único que puede asegurar las decisiones energéticas soberanas cuando las trasnacionales son eso, es decir, no corresponden al país. La reforma energética de Peña hará depender de las trasnacionales las decisiones estratégicas y, por tanto, reducirá la soberanía energética de México. Este traslado de capacidad de decisión se realiza para obtener ingresos mayores en el corto plazo, pero deja al país al garete, sometido a intereses y negocios por completo ajenos.

En un mundo cada vez más integrado, el ejercicio de la soberanía ha tenido modificaciones, pero la cuestión de la energía adquiere un significado de mayor alcance, pues toda la actividad económica se amarra ahí. Así lo ha entendido el gobierno de Estados Unidos, que se propone la autosuficiencia mientras que el gobierno de México lo entiende exactamente al revés no sólo por su afán de entregar el crudo a las trasnacionales, sino también al sostener la tesis de que es mejor comprar en el exterior las gasolinas que producirlas dentro del país. Sólo piénsese que México no tiene capacidad de abasto interno de más de 15 días: una interrupción de suministros haría que las gasolinas escasearan y se detuviera la mitad del transporte nacional, pues no contamos con un ejército que pudiera ir a Texas a traer el combustible. ¿No es éste un problema de soberanía?

Se repite con frecuencia que los conceptos de soberanía y defensa de los intereses nacionales son obsoletos y, más aún, falsos. Pero en los hechos, un país que en asuntos básicos depende de decisiones externas no sólo se vincula mal al resto del mundo, es decir, con debilidad y vulnerabilidad, sino malbarata lo suyo. Así como se desprecia la autosuficiencia alimentaria y se somete al país a los vaivenes de un mercado mundial manipulado, se quiere mantener a México como importante proveedor de crudo para otros y comprador de refinados y productos petroquímicos.

Mariguana

El debate sobre las drogas prohibidas es mundial y actual. Sostener que no hay que participar porque existen otros temas más importantes como el crecimiento, la pobreza, el empleo, etcétera, es tratar de eludir algo sobre lo cual no se quiere opinar, seguramente porque se tiene una vergonzosa posición conservadora. Ése es el contenido del mensaje de Andrés Manuel López Obrador sobre el asunto, como antes lo fue en relación con la interrupción voluntaria del embarazo y los matrimonios entre personas del mismo sexo. La izquierda sin embargo está a favor de todo eso y mucho más que implique la ampliación de las libertades y la eliminación de elementos de criminalización de conductas fustigadas por la ideología dominante.

La idea penal de la ley es que la producción y comercio de ciertas drogas lesiona a la sociedad. El Estado ha decidido que las drogas son socialmente malignas, como alguna vez en Estados Unidos se consideró también al alcohol. Pero el vigente debate sobre la malignidad social de las drogas —tabaco y alcohol incluidos— no debería ubicarse en el ámbito del Código Penal.

El delito es una prescripción del Estado, el cual ha sido investido con el monopolio de decidir lo prohibido y lo lícito, lo bueno y lo malo. Se supone que el poder tiene conferida esa función por dictado del pueblo pero ya se sabe de sobra que eso no corresponde exactamente a la realidad. El comercio de opio, por ejemplo, no solo estuvo permitido sino que se impuso a China mediante una guerra por parte de Gran Bretaña. En la actualidad la mayoría de los estados nacionales y la ONU reprueban producción, tráfico, comercio, posesión y consumo. Sin embargo, esas actividades van en aumento, generan una inmensa delincuencia y promueven la corrupción de los gobiernos encargados de combatirlas.

La legalización de las drogas es la única forma de intentar la regulación de la producción y el comercio de las mismas por parte del Estado. No existe otra manera. Sin embargo, pocas voces se levantan para decir las verdades mundiales. Una de ellas es la de Uruguay, país que se ha limitado a la mariguana, que es la droga de mayor consumo interno.

En México, Fox y Calderón intentaron penalizar el consumo de drogas pero el Congreso se negó y expidió una ley que permite la posesión y uso personal de las mismas a pesar de las protestas del gobierno de Estados Unidos. Hoy, el debate es más fuerte y ha surgido como algo local en la Ciudad de México, lo cual tiene sus problemas jurídicos. Los delitos contra la salud comprenden la producción y comercio de estupefacientes, dentro de los cuales se encuentra la mariguana. Es decir, se trata de un delito federal. Si se quiere despenalizar esa droga o cualquier otra, se debe modificar la legislación federal.

El otro gran problema es el de Estados Unidos. Hay cosas que México no puede resolver nomás porque quiera. Una de ésas es la de las drogas. El gobierno estadunidense es uno de los más dogmáticos a pesar de que varios estados han venido asumiendo normas propias y se anuncian cambios en otros más. Por tanto, el primer asunto es el de la posición oficial del gobierno mexicano frente al problema. Si ésta fuera favorable a un control estatal de la producción y comercio de estupefacientes, se abriría un debate nuevo en el mundo y Estados Unidos —el mayor consumidor— tendría que sentarse a negociar seriamente.

La tragicomedia de Snowden y Obama

Con la generalización del internet y, en general, de las tecnologías de la comunicación se ha producido también una revolución en la política. Los gobiernos cubren el amplio espectro abierto con sofisticados mecanismos de espionaje, pero no sólo espían a sus enemigos, sino también a sus amigos. Como antes, Estados Unidos es la principal potencia del espionaje mundial, pero también la más vulnerable.

El asunto Snowden ha ido de la tragedia de los servicios secretos estadunidenses hasta la más increíble comicidad internacional. Entre asombro e hilaridad, el mundo confirma un viejo supuesto que consiste en que nadie se ha escapado del espionaje, pero lo que no habíamos visto es a un gobierno haciendo tantos desfiguros. Varios gobernantes europeos hicieron lo que nunca se había hecho: bloquearon el vuelo de un presidente dentro de un operativo internacional que no pudo ser más que ideado en Washington después de que Obama había dicho que no movería sus poderosos aviones de guerra para ir por Snowden. Pues bien, lo que Obama logró, por increíble que parezca, fue cerrar el espacio aéreo de varios países, a los cuales su propio gobierno espía de manera ilegal, para tratar de averiguar si en el avión presidencial boliviano viajaba precisamente quien ha denunciado el ilícito espionaje.

Mientras, Snowden está, al parecer, en Moscú sin protección oficial de ningún país, en tránsito hacia dónde nadie sabe, cuando Obama envía mensajeros para convencer a algunos gobiernos de que deben negar el asilo a un personaje que encarna el contraespionaje por cuenta de él mismo. Esos espías de nadie, como Bradley Manning y el mismo Edward Snowden, son una especie de reciente aparición que antes nadie se podía imaginar. La causa que enarbolan es la transparencia, el desvelar secretos de Estado y, sobre todo, aquellos actos de espionaje contra gobiernos y personas que realiza el espía mayor del mundo.

El espionaje siempre ha sido una actividad de Estado y de algunos otros poderosos, para tomar ventaja frente a los demás o prevenir daños. Pero el espionaje en las redes de información y comunicación está prohibido en términos generales, es decir, cuando se hace sin control judicial, tal como lo indican las revelaciones de Snowden. Entre los gobiernos, esa ilegalidad es un valor entendido, es decir de sencilla y tolerada ejecución, pero cuando un espía de nadie sino de sí mismo la pone al descubierto, la justicia se vuelca en su contra en lugar de perseguir a quienes violaron las leyes mediante el espionaje ilícito.

Sí, en efecto, Manning y Snowden son espías de la humanidad y en cuanto tales están sujetos a las leyes dictadas por quienes realizan el espionaje y, por tal motivo, deben comparecer ante los tribunales, pero quienes realizan los actos ilícitos de origen, los que ocultan informaciones que deberían ser públicas, los que se entrometen en la vida privada de cualquiera, los que poseen informaciones de pretensiones y actos de gobiernos “amigos” (Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses, ya se ha dicho), los que violan las leyes internacionales, ésos no deben enfrentar la justicia, porque ellos son la justicia. Ese mundo no es desconocido por nadie, el problema es cómo superarlo.