Un gobierno que se hunde

Los cambios en el gabinete, largamente esperados, no vendrán a resolver el problema del gobierno de Peña Nieto porque no implican un cambio en la política económica y social. Nada será nuevo con los flamantes secretarios, quienes, por lo demás, ya lo eran. De nada servirá Meade en Desarrollo Social, por ejemplo, si todo va a seguir igual  debido a que no hay una línea diferente a la Cruzada, con todo y el abominable nombrecito: el problema de México no es el hambre sino la pobreza estructural basada en ingresos miserables. Lo mismo se puede decir de Nuño en Educación Pública porque la reforma administrativa no se va a convertir en una reforma educativa. Peña no intenta entender qué clase de cambios se requieren pues aunque haya sido algo necesario e impostergable quitar el control de la administración al SNTE, eso no resuelve el problema de fondo: hay que fraguar una nueva escuela democrática y popular para enseñar y aprender mejor.

Los neoliberales no podrán resolver ningún problema social de México. El neoliberalismo se hizo para impedir reformas sociales, para echar atrás las viejas reformas, pero nunca para hacer nuevas. Así que el cuarteto fantástico, Peña, Videgaray, Osoro y Nuño, no saben lo que se debe hacer para promover el progreso. Es ridículo ver la fotografía promocional de la figura de Peña junto con un sencillo puente de los que se hacen por todas partes pero presentado como símbolo del progreso nacional. Es evidente que en los últimos tres años el país está un poco peor que antes y que el estancamiento de los últimos 25 años mantiene a México en el mismo agujero.

En los próximos dos años las cosas se van a poner aún más feas. Es evidente que las inversiones públicas y privadas van a relajarse, que el salario volverá a decrecer y que los precios no mantendrán su nivel de crecimiento como hasta ahora. Todo está en contra. El presupuesto base cero es una técnica que en esta ocasión va a usarse para recortar el gasto social y ajustar el de inversión. Pero, eso sí, los altos sueldos de la alta burocracia, incluida la del Poder Legislativo, no van a bajar un solo peso mientras que se mantendrán los fuertes gastos operativos dentro de un presupuesto sin objetivos económicos y sociales.

Enrique Peña tiene un gobierno que se hunde. Esto no quiere decir que el presidente vaya a renunciar. Eso jamás. El hundimiento consiste es seguir con la falta de respuesta, aunque sea en forma mínima, a los retos del país. Al final, no habrá mejor salario, más crecimiento, mayor productividad, mejoría en la distribución del ingreso, menos pobreza, más empleo. Estos objetivos que tendrían que serlo de cualquier gobierno no lo son de Peña. Para los gobernantes actuales lo que hay que hacer es darle una manita de gato a todo lo que se pueda pero jamás realizar reformas. Para ellos el reformismo es, como en el campo de la energía, un programa limitado a fomentar las inversiones extranjeras en la explotación de los recursos naturales del país. ¿Ampliar el mercado interno? ¿Qué es eso?

Justo cuando se está produciendo una corrida financiera y huyen capitales golondrinos cuyas inversiones en México han sido promovidas por los sucesivos gobiernos, Peña presume que está aumentando la afiliación al IMSS sin aclarar que eso se debe al nuevo régimen fiscal para los pequeños comercios que antes estaban al margen de la seguridad social: no hay nuevos empleos, son los mismos de antes. Mientras, el secretario de Hacienda nos sale con el cuento de que la actual devaluación del peso (25 por ciento) es buena para promover turismo extranjero aunque eso no se haya visto en el verano que está por concluir. O sea, puros disparates de un gobierno que se hunde.

Todo cambia y sigue igual

No existe un sistema de partido-Estado como lo vivimos durante muchas décadas del siglo XX, pero eso no quiere decir que hayamos mudado de Estado, pues éste sigue igual aún bajo la competencia entre partidos y las alternancias políticas. Una de las expresiones más claras al respecto es el fraude electoral. Sigue la compra de votos y el clientelismo coactivo, la cual no es incurable enfermedad de la pobreza sino síndrome de la corrupción pública. Y sigue también la simulación, la violación de la ley y el fraude maquinado en las esferas administrativas y judiciales.

Ahora estamos a punto de ver uno de esos fraudes de tercer piso en el que el INE, primero, y el Trife, después, dirigidos por el gobierno, harían una defraudación del texto constitucional para otorgar al PRI siete diputados más de los que debería tener en San Lázaro. Esta cantidad es muy grande aunque se mire pequeña frente a 500 escaños porque es justamente la que Peña Nieto necesita para rascar la mayoría tan necesitada, es decir, para no tener que negociar en niveles indeseables con la oposición.

El fraude ha sido meticulosamente planeado y fraguado a través de varias acciones. A partir de un convenio de coalición parcial del PRI y el PVEM se buscó la manera de tener más diputados oficialistas con los mismos votos sumados de ambos partidos. El propósito es llegar a la mayoría –251 curules o más– con un porcentaje que tan sólo raspa la tercera parte de los sufragios emitidos.

Hay siete candidatos priistas que aparecen como si fueran miembros del Partido Verde (así llamado) con el propósito de hacer crecer el número de curules plurinominales del PRI. Veamos: el PRI no participará en la distribución proporcional porque si así fuera se sobre representaría con más de ocho puntos porcentuales respecto de los votos obtenidos por él en las urnas. Como esto no lo permite la Constitución, entonces se le fija un número de curules entre uninominales y plurinominales, es decir, en total. Con base en esta fijación se le otorga el número de plurinominales que requiere sólo para completar la cantidad total de diputados priistas. Si el PRI pierde un diputado de mayoría relativa, como ha sucedido en Aguascalientes donde se anuló la votación de un distrito, no le pasa nada porque el INE le tiene que dar uno más de las listas plurinominales para completar el número total asignado de curules priistas. Pero, ¿qué pasa cuando le reducen al PRI siete diputados uninominales y se los asignan al PVEM? Entonces sí pasa algo: se duplican esos diputados cachirules, poues éstos van a la Cámara como si fueran de otro partido pero el INE le tiene que aumentar siete curules plurinominales al PRI para completar su número total. Esto podría llamarse la clonación de curules o la invasión de los clones priistas.

Es un fraude electoral sólo que no se lleva a cabo el día de la votación ni en los cómputos sino en una tercera fase que es el manipuleo de las leyes y la simulación en las esferas superiores. Parecería una mentira decir en el extranjero que en México se regalan diputaciones con la simple maniobra descarada y burda urdida por el gobierno, pero dentro de nuestro país sería tan sólo referirse a una parte de la inmensa corrupción del Estado que está presente en todos los niveles.

Antes del 29 de agosto se verá si tiene éxito este fraude electoral del PRI-gobierno. Si la combinación INE-Trife funciona, entonces apuntaremos un elemento más a la historia de las defraudaciones electorales mexicanas que son causas directas de la desconfianza política que impide el diálogo franco y directo, la competencia democrática y la confianza en las instituciones. Que no se hable después de estas calamidades sin referirse a los hechos concretos que las han causado. Que no se diga después que el creciente desprestigio del INE es producto de confabulaciones malévolas, campañas e incomprensiones. Que no se repita el mismo rezo falso de la “aplicación del Estado de derecho” porque eso no lo va a creer nadie. Y, finalmente, que se olviden algunos de su retórica de que el INE es una institución independiente del gobierno pues cada vez que lo digan provocarán más amargas carcajadas.

El vuelco del PRD

La crisis del PRD se asemeja a una situación en la que los habitantes de una casa dejan durante años que ésta se deteriore sin hacer la menor reparación. Cuando el lugar se vuelve inhabitable tienen que hacer toda una obra urgente y costosa si quieren seguir viviendo en el mismo sitio. Una mayoría en el PRD se negó durante mucho tiempo a realizar reformas y a cambiar de línea política de tal manera que ahora, cuando ya nadie puede negar la crisis de la conducta vieja, entonces será mucho más penoso y difícil realizar un vuelco.

No se construye una fuerza alternativa sin ser la oposición. De momento, suele parecer que el oponerse casi a todo no da resultados pero, cuando la crisis del poder se torna grave, el opositor puede lograr que se entienda su propuesta. La cuestión consiste también, por tanto, en tener esta última, sin la cual no puede haber oposición en sentido completo. El PRD ha navegado sin una propuesta nacional. Como a todos los partidos, la búsqueda del poder lo había unido hasta que se produjo la división, pero no hubo durante más de una década la necesaria unidad en el propósito transformador. Esta situación la hemos visto durante años de gestión gubernamental en no pocos sitios y en los parlamentos. Después del año 2000 se definió a la izquierda perredista como el partido que busca la instauración del Estado democrático y social de derecho, pero este planteamiento no fue suficiente para armar una propuesta opositora, es decir, una nueva política económica y una plataforma de reformas al régimen político dentro del marco de un plan concreto.

El PRD ha dado la impresión de que es un partido en el que cada cual entiende las cosas a su modo. Y así es. No hay una política igual para las entidades y municipios gobernados por los perredistas. En todas partes se aplica una política temporalera. En algunos lugares se han conseguido importantes reformas pero, en otros, ninguna se hizo. El partido jamás le ha exigido a alguno de sus gobernantes que haga o deje de hacer algo. Esto es increíble pero es rigurosamente cierto. Por otro lado, no puede ocultarse que algunos dirigentes locales del PRD están subordinados al respectivo gobernador de otro partido o sin partido.

Al lado de lo anterior, el PRD ha carecido de una dirección propiamente dicha. Su estructura de corrientes es el resultado de que en el partido predomina la política de la no exclusión y de que todos los grupos tienen derecho a participar en los órganos internos y el reparto de candidaturas. Sin embargo, como no existe ninguna corriente mayoritaria y como todos los grupos son titubeantes en cuanto a la política a seguir, lo que hemos tenido es una falta de liderazgo en el sentido de ausencia de una línea definida y de una práctica de tomar decisiones a tiempo, con destreza y en firme.

¿Cuál es el discurso del PRD? En concreto eso no se sabe, hay que esperar cada coyuntura para escuchar algo al respecto. Esto se nota en lo que dicen y proponen sus gobernantes y legisladores al igual que sus dirigentes formales, pero se nota mejor en lo que callan que es con mayor frecuencia más que lo declarado. Se afirma que el PRD carece de una política de comunicación social, lo cual es cierto, pero eso no es tan grave como carecer de unas ideas para ser comunicadas.

La política de alianzas del PRD ha sido errática como consecuencia de todo lo anterior. Se han llegado a pactar en forma virtual alianzas con el PRI. Los gobiernos encabezados por panistas con el apoyo del PRD han desfondado a este partido. No hay en realidad base alguna para compartir responsabilidades de gobierno con el PAN o con el PRI. Entonces, lo que se hace es ubicar al PRD como factor del triunfo de un candidato pero en ausencia de todo compromiso de gobierno en cuanto a programa y cargos. Esta es la forma más desordenada de llevar a cabo alianzas, es decir, sin política.

En realidad, el PRD se encara ahora con él mismo antes de hacerlo con los otros partidos. Su situación podría cambiar en la medida en que haga modificaciones muy fuertes de su política y de su forma de tomar y aplicar las decisiones. La cuestión no es tan difícil pero depende, como siempre, de los jugadores que van a salir a la cancha. Si estos no saben ni por dónde empezar, nada se logrará. Aquí está el detalle, la condición primera para lograr un vuelco del PRD.

Comprar votos

Se han vertido dos tesis relativamente nuevas o renovadas: la compra de votos es consustancial a la pobreza y la compra de votos es una práctica esencial de todos los partidos. Estamos otra vez frente a errores graves que alargan la ya larga lista de análisis desviados.

Primero: la compra del voto es uno de los elementos de la corrupción pública y con mucha mayor fuerza está presente en el Estado corrupto. En tanto la corrupción invade las diversas esferas de lo público y lo privado, la coacción del voto se incorpora como instrumental de una mercancía llamada sufragio personal, es decir, el voto llega a tener un determinado precio de mercado. Hay Estados con economías muy pobres pero con menor corrupción que tienen menos sufragio comprado sobre todo en tanto que éste no tiene un carácter tan acentuado como mercancía.

Segundo: el partido histórico de la compra del voto es el PRI como partido-Estado que fue durante muchos años. Ahora, como partido con fuertes ligas económicas con capitalistas que invierten en la política, el PRI sigue comprando votos en cantidades significativas y a veces decisivas. La cuestión central, ligada al anterior elemento de la conversión del voto en  mercancía, consiste en la existencia de fuertes inversiones en la política, es decir, en la colocación de gobernantes y legisladores, una vez que el partido-Estado ya no es el sistema dominante. Como es natural, en tanto que la compra de votos ha sido tan amplia en México, otros partidos también recurren a esta práctica pero en forma marginal. Para los partidos diferentes al PRI, la compra de votos es algo más vinculado a la capacidad económica personal del candidato, en especial cuando existe un gobierno que le provee fondos, pero tiene diferencias por cuanto a que tales partidos no están dentro del mercado de compra de puestos por parte de inversionistas privados, con la excepción del llamado Partido Verde.

Repartir el fenómeno de la compra de votos entre el fenómeno estructural de la pobreza y el actual sistema de partidos de México es una manera perversa de declarar la imposibilidad de combatir la coacción electoral. La pobreza, como se sabe, no es algo que pueda superarse con facilidad y rapidez; la creación de un nuevo sistema de partidos tampoco es algo tan fácil de lograr aunque eso sí podría ser súbitamente. Por tanto, se trata de dejar sentado como tesis política que la compra de votos no es superable pero, en tanto esto fuera así, tampoco es combatible con los instrumentos que la ley brinda actualmente. De este tamaño son las dos nuevas tesis de Lorenzo Córdova que ya nos tiene acostumbrados a la politología más vulgar que puede haber en el Continente. De la idea de que las elecciones no resuelven problema alguno a ésta de que la compra de votos la determina la pobreza no hay ninguna distancia para declarar por fin la imposibilidad de la democracia o, al menos, su completa inocuidad.

Que estas tesis pudieran acunarse en el PRI sería del todo natural pero, como provienen del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, el asunto es mucho más grave. ¿Es el INE una institución para encontrar excusas a un delito como es la compra de votos? Parece que sí a juzgar por las muy frecuentes opiniones falsas procedentes de tan alta investidura.

Hay algo inexplicado

Durante varias semanas los inversionistas líquidos pusieron su atención en el anuncio de que la Reserva Federal (banco central) de Estados Unidos iba a anunciar que puede ser que por fin anuncie (así, con todos esos escalones) la elevación de sus tasas de interés. Tales capitalistas dueños del dinero estuvieron comprando dólares con la perspectiva de colocarlos mejor en el mercado estadunidense a partir de un posible cambio en el rédito. El problema es que cuando la Reserva dice que no es necesaria la elevación de tasas de interés y que la economía va razonablemente bien, entonces se incrementa la tasa diaria de devaluación del peso en lugar de regresar a algún estadio anterior. O sea, que cuando se va anunciar algo, tenemos problemas cambiarios, y cuando no se anuncia nada nuevo, también los tenemos o los tenemos más aún.

Lo mismo ha ocurrido con el otro anuncio, el del PIB estadunidense, el cual retomó impulso después de verse a la baja: 2.3 por ciento en el trimestre abril-junio. Nada mal para el mundo actual (hay que ver de qué tamaño es la economía estadunidense y de qué tamaño resulta ese porcentaje), con lo cual Estados Unidos toma rumbo hacia el logro de una tasa de crecimiento de 3 por ciento durante el año actual. Pero en lugar de que haya optimismo por parte de los dueños del capital-dinero ante la perspectiva de que México recobre exportaciones, lo que tenemos es más compra de dólares. Al paso, no tarda la divisa verde en colocarse en 20 pesos por unidad cuando la inflación en Estados Unidos no pasa de 2 por ciento anual.

El gobierno, por su lado, no explica nada, quizá porque no sabe como hacerlo o porque cualquier cosa que diga va a contradecir el discurso oficial de que estamos de maravilla. Hace un par de días se dijo por parte de Peña Nieto que al fin se logró respeto en el mundo por la estabilidad macroeconómica de México (lo dijo en privado, cenando con unos directivos de una empresa llamadaBlackRock). Vaya respeto: se podrían perder unos 50 mil millones de dólares de reservas en un dos por tres si continúa el mercado fuertemente comprador de divisas. Y, aunque la cosa carece de una lógica rigurosa, eso puede ocurrir porque unos cuantos toman decisiones imparables y ahí es donde reside gran parte del problema mexicano.

El Banco de México ya tomó el rumbo de arriesgar más en sus subastas (ayer ofreció 200 millones, lo cual podría hacerlo a diario, para llegar en 250 días útiles a los 50 mil millones), pero, como ya se sabe, aquellas tampoco son suficientes para detener una corrida financiera. Estamos en un punto del ciclo del capital especulativo invertido en México que pareciera que alguien toca un clarín con el tono de retirada y los capitalistas le hacen caso como si fuera una orden. ¿A dónde va el dinero? Pues a colocarse con tasas menores pero con mayor seguridad. Entonces México tendría ahora mismo que promover la elevación de las tasas internas de interés para retener el capital especulativo a un costo mucho más alto que el actual y con repercusiones mayores en la tasa de crecimiento.

Estamos de nuevo bajo la maldición de país expuesto a unos cuantos inversionistas que son siempre recibidos con halagos y presentados como referencia de la estabilidad económica del país y de la confianza en México, todo lo cual es echado por la borda a la hora del consabido toque de clarín. Dice Peña que el mundo ha aprendido de México pero el problema es que México no ha aprendido de sí mismo y sigue teniendo los mismos gobernantes (PRI-PAN-PRI) que le llevan por el camino de los desastres. Por lo pronto, digamos que vamos por la vereda de lo inexplicado.

¿Y la economía?

Detrás del chorro de dólares que se escapa hacia el norte están el enorme diferencial de intereses que cobran los dueños del dinero por mantener sus capitales en México. La dependencia es tan fuerte que los menores movimientos del rédito o del PIB estadunidenses se reflejan en México con una fuerza que resulta imparable con el uso de los instrumentos del gobierno de Peña Nieto.

La debilidad de la política económica, en parte denunciada anteayer por la Concamín, abarca la falta de compromiso gubernamental aunque sólo fuera para anticipar inversiones como le piden los industriales. El hecho es que la economía mexicana no ha logrado generar una expectativa de rompimiento de su endémico estancamiento. Si con altos precios del petróleo y con una buena plataforma de exportación la economía no reaccionó porque tal situación era insuficiente y no se acompañaba de otra política económica, con una reducción de 50 por ciento en el ingreso por crudo esa misma política es ya recesiva.

La masiva salida de capital-dinero de México ha producido una devaluación del peso que asciende ya a una cuarta parte desde que la moneda mexicana se ubicó durante un buen tiempo alrededor de 12.50 pesos por dólar. Esto quiere decir que con una baja inflación en Estados Unidos tenemos un encarecimiento rápido de mercancías procedentes del norte de donde procede más del 80 por ciento de los bienes importados. La procedente disminución de los precios de las exportaciones no ha logrado defender del todo las plazas comerciales estadunidenses, por lo visto. Esta doble situación determina que la devaluación no es un  ajuste que pudiera promover la venta de productos mexicanos en Norteamérica, pero probablemente creará un escenario de expropiación inicua del salario mediante el doble proceso de abaratamiento relativo de la fuerza de trabajo y encarecimiento de los bienes importados o con componentes de importación que son ampliamente consumidos por los trabajadores.

Durante algunos meses, la economía mexicana ha aguantado la amenaza de un proceso inflacionario brusco pero ni lo ha hecho del todo ni podrá por más tiempo resistir la devaluación por efecto de un mercado marcadamente comprador de dólares. La reserva internacional del Banco de México es grande pero llega apenas a la mitad de lo que pudiera ser una gigantesca retirada de dinero que se encuentra tan suelto y tan líquido que una vez más amenaza brutalmente no sólo la capacidad de pagos del país sino la estabilidad económica.

Las cosas siguen su proceso y Peña Nieto está esperando un milagro porque no se observa ninguna reacción. Las disminuciones del gasto público no podrían ser las mejores porque no obedecen a un buen plan y porque lo que producen es un mayor estrechamiento del mercado interno. La palanca mayor de la economía sería un programa de inversión pública y privada que aunque en versión relativamente pequeña ya se había anunciado pero con malos proyectos por lo cual ha quedado en casi nada. Como la elevación de las tasas de interés internas es inminente, el costo de la deuda pública va a subir pero también el de la privada con lo que se desalentarán las inversiones a pesar de las declaraciones fantásticas del club de los Hombres de Negocios. Total: una desgracia.

Con la política económica centrada en equilibrios que no se pueden manejar internamente y, por consiguiente, con la renuencia a emprender una plan propio para producir más, generar empleos y elevar el ingreso per capita, no se puede hacer gran cosa. La política económica del PRI es exactamente la misma que la del PAN pues en gran parte se basa en el mantenimiento de bajos salarios como instrumento de una competencia con el exterior que se reduce en realidad a Estados Unidos pero que condena al país a una depresión crónica de su mercado interno. Sin el crecimiento de este último no podrá haber una economía en expansión, por lo cual la política de Peña Nieto sólo tiene como desenlace la crisis económica. Ya lo veremos dentro de poco. Bueno, ya lo estamos viendo de alguna manera.

La desnudez del Estado corrupto

Enrique Peña Nieto ha reaccionado frente a la fuga del Chapo Guzmán con expresiones que tienden a repartir la culpa. Se trata sin embargo de un descrédito del gobierno, de su gobierno, pues ése era el encargado de la custodia y nadie más. La evasión se hizo en la cárcel de más alta seguridad en el país, de donde nadie antes había podido fugarse. Tendría que haber responsabilidad política, pero no, Peña ofrece sólo la cabeza de empleados de menor relevancia como si éstos no hubieran tenido jefes.

Pero esta fuga denota algo mucho más complejo. El Estado corrupto mexicano –el fenómeno más duro del México contemporáneo—ha quedado una vez más desnudo. Todos hemos visto una fotografía instantánea de lo que es este Estado y la profundidad de su corrupción estructural. La fuga del Chapo se ha prestado a toda clase de bromas, chistes, diretes y burlas pero se trata de una expresión muy concreta de nuestra realidad política.

Sólo en un Estado como el mexicano es posible que exista una organización capaz de lograr una evasión de Almoloya como la que se ha visto. Casi durante un año, con absoluto sigilo y una disciplina a toda prueba, con toda la información de localización exacta y un trazo geométrico preciso, con la excelente colaboración interna que tal operación requería y también el bien guardado secreto de los cómplices, la mayor organización de narcotraficantes hizo posible en minutos poner en libertad a su jefe.

Aquí encontramos otro rasgo relevante de la  fuga del Chapo Guzmán: la unidad del cartel de Sinaloa, su elevada organización y disciplina, su capacidad para emprender acciones sin disidencias o competencias internas. No es así el gobierno y, en general, la administración pública que colaboró con la fuga, por un lado, u omitió prevenir tal acontecimiento, por otro.

Si el Chapo había logrado su fuga de Puente Grande disfrazado de ropa sucia, se tenía que sospechar que lo intentaría de nuevo pero por otra vía. La excavación de túneles para la evasión de prisiones es una técnica muy antigua. Entre más profundo es el cimiento de la cárcel, mayor la profundidad del túnel. Eso es sencillo. No se debería nadie admirar de la obra de construcción tan elemental; lo admirable es el secreto bien guardado de la obra y la localización exacta del lugar donde iba estar el Chapo en un minuto determinado para entrar en el túnel sin que “nadie” se diera cuenta. Todos esos elementos sí que son dignos de ser analizados a profundidad. Este es el Estado corrupto: los vínculos tan funcionales entre la función pública venal y la organización de la delincuencia extraestatal, la ejecución de planes tan precisos y su realización tan exacta. No es ironía: el Estado, en especial el gobierno, funciona mejor cuando actúa en beneficio personal de los funcionarios, es decir, en tanto Estado corrupto. Todo se ha perdido pero en especial la probidad y, en consecuencia, la función pública del Estado. El fenómeno Chapo con su organización casi perfecta y su disciplina es una evidencia mayor de esa terrible enfermedad que padece México: el Estado corrupto.

Fraude electoral

El PRI pretende clonar sus siete diputados cachirules que se dice son del Partido Verde (así llamado) pero que en realidad son priistas. El mecanismo de clonación se realizaría mediante un fraude a la Constitución y un fraude electoral. Como se sabe, el PRI obtuvo menos del 30 por ciento de la votación pero no obstante su fracaso en las urnas puede sobrerrepresentarse en la Cámara debido a su elevado número de diputados de mayoría relativa. Sin embargo, para estos casos la Constitución dice que el partido que se encuentre en tal situación no podrá tener más curules que su porcentaje de votación efectiva más ocho puntos. Así es la cláusula de tope de sobrerrepresentación.

El mecanismo es sencillo: se le asigna a ese partido un número máximo de diputados y la diferencia entre sus constancias de mayoría y dicho número se cubre con curules de representación proporcional. De esa manera el PRI no podría tener más de 202 bancas en San Lázaro entre unis y pluris. El problema está en que dentro de los diputados de mayoría relativa que se pretenden adjudicar al Verde (así llamado) se encuentran siete cachirules que son conocidos y muy activos políticos priistas. Como esos siete no contarían en las curules de mayoría del PRI entonces este partido tendría derecho a más plurinominales para alcanzar el número de 202. En otras palabras, por cada cachirul el PRI obtendría un diputado adicional de lista de tal manera que en lugar de 202 tendría 209, pero esto es lo que no permite a Constitución.

Al mismo tiempo, esas siete curules plurinominales que el PRI obtendría de manera fraudulenta se le restarían a los demás partidos, de tal manera de que además de hacer un fraude a la Constitución (engañar para impedir la aplicación de la Carta Magna) tendríamos un fraude electoral simple (alterar el resultado de las elecciones).

Si este fraude llegara a consumarse se modificaría la composición de la Cámara de Diputados respecto de la decisión tomada por los votantes, pero ¿con qué propósito? La cuestión es sencilla. El PRI había metido más cachirules en la coalición que pactó con el Partido Verde (así llamado) pero sólo siete lograron obtener el triunfo. El propósito era lograr que la coalición que formó tuviera en su conjunto 251 curules por lo menos y así fue todo planeado: la coalición era para eso. Pero como no todos los cachirules ganaron, el fraude se limita a obtener 249. ¿Por qué Peña Nieto quería la mayoría absoluta directa en la Cámara? No hay más que una respuesta posible y esa es la que usted está pensando.

El fraude se planteó como una necesidad política del presidente de la República vinculada al control presupuestal que, se dice, requiere Peña Nieto para los próximos tres años. No negociar nada del presupuesto con otro partido sería toda una hazaña en los tiempos actuales en México. Como sabemos, la autorización de gasto no pasa por el Senado (el cual no ha tenido cambio) sino que se limita a la Cámara de Diputados y eso lo explica todo.

Si el INE se hiciera cómplice de este fraude maquinado desde Los Pinos habría contribuido a su creciente descrédito. Si, por el contrario, esa autoridad defendiera la Constitución entonces nos enfrentaríamos a un tribunal de pronóstico nada reservado. Pero hay que luchar una vez más contra el fraude electoral.

Yanis Varoufakis

“Portaré el odio de los acreedores con orgullo” ha dicho Yanis Varoufakis al dejar el ministerio de finanzas de Grecia y, al tiempo, se ha convertido en un referente indispensable de la historia de la lucha contra los poderes financieros del mundo. Varoufakis ha dejado su cargo por demanda de los acreedores a quienes por lo visto les faltan argumentos con los cuales vencer al griego. El pueblo de Grecia ha dicho no, lo cual no depende de que Varoufakis sea ministro de finanzas o un diputado sin cartera. Pero la actitud de éste, en consonancia con el gobierno del que formó parte de manera brillante, es lo que prevalece. Dadle a los cobardes la presa que más desean en sus ansias de venganza pues eso no comprometerá la decisión de todo un pueblo en rebeldía frente a los usureros de Europa.

La izquierda, el Pacto y la votación

El llamado Pacto por México se convirtió en una mala frase dentro de la izquierda y en algunos círculos panistas. Tal vez por eso se dice ahora que influyó en las recientes elecciones, pero para medir su impacto es preciso hacer lo que antes no se hizo: el análisis del pacto mismo.

El Pacto fue redactado y firmado al estilo priista: en secreto y, luego, en una ceremonia pomposa y ridícula. El error del PRD no fue proponer la elaboración del acuerdo político sino haberlo hecho sin consultar al partido; algo semejante le ocurrió al PAN.

Después de las elecciones de 2012 las principales fuerzas políticas tenían que llegar a acuerdos si en realidad buscaban lograr algo en los primeros dos años del sexenio. El contenido del Pacto correspondía a lo que habían expresado los partidos aunque también había temas nuevos, especialmente para el PRI. Las cosas eran más complicadas para el PRD porque éste había acusado a Peña de hacer un fraude electoral a través de  la anticipación de su campaña en la televisión y mediante un gasto mayor que el permitido. Una vez más, a la izquierda se le presentaba un dilema entre la actitud política y la posición política. La primera es algo generalizador, es un rechazo o una aceptación en bloque. La segunda es un conjunto de propuestas y unas decisiones tomadas según el contenido de los proyectos y los contextos. En la lucha parlamentaria siempre ha tenido la izquierda ese dilema y no siempre lo ha resuelto bien ya fuera hacia un lado o hacia el otro.

Peña aceptó la propuesta de un acuerdo puntual que no contuviera línea general de gobierno ni significara alianza política. Era la mejor forma de mantener la confrontación sobre la política general sin ahogar todo intento de cambio. El asunto central era que una vez que los votantes se habían expresado, los partidos los tomaran en cuenta en lugar de ignorarlos como se acostumbra. El hecho concreto era que en el país no había ninguna fuerza mayoritaria. Es lo que ahora ocurre, por ejemplo, en la Ciudad de México, donde debería invitarse a Morena a un acuerdo o de plano a formar parte del gobierno por ser el nuevo partido más votado y ser de izquierda. En síntesis, hay que acatar el mandato de las urnas o nunca se podrá siquiera aspirar a ser demócrata. Por lo visto, aquí sigue abierto un debate dentro de la izquierda 35 años después de la participación electoral del Partido Comunista.

El Pacto contenía asuntos de la agenda nacional en los que no se habían producido acuerdos en el pasado reciente. Por ello era un acuerdo amplio aunque no se trataba de un cambio de rumbo general. Había en la agenda dos reformas impostergables sobre las cuales venía insistiendo la izquierda: la administración del sistema de educación básica y las telecomunicaciones. En el primer tema, el gran problema se llama SNTE y se conoce como Gordillo, mecanismo que privatizó bajo el control de un grupo a miles de establecimientos escolares en el país; en el segundo, destaca la existencia de dos monopolios, América Móvil y Televisa. López Obrador había abordado durante su campaña ambos problemas aunque sin definir rumbo concreto. En cambio, Peña Nieto no tenía esos temas en su agenda pública.

Gordillo fue a la cárcel y la reforma, mal llamada educativa en lugar de administrativa, le arrebató al SNTE y por esa vía a la CNTE parte de su control burocrático. Desde la izquierda sin embargo se ha apoyado al viejo sistema en el que los líderes sindicales imponían a directores e inspectores además de repartir plazas y despedir profesores, pero se trata de un apoyo reactivo que exhibe la falta de un proyecto propio para la administración del sistema educativo. La CNTE ha tomado el peso principal de la defensa del modelo gremial de rectoría educativa y financiamiento político aunque los líderes del SNTE siempre han sido los principales beneficiarios de ese gremialismo en cuanto a sus influencias burocráticas e ingresos económicos.

La reforma de telecomunicaciones tuvo como propósito relevante la regulación antimonopólica pues ni siquiera ésta existía en el país. Ha quedado pendiente, aunque dibujada, la creación de una nueva televisión de Estado con fuerte financiamiento público. Se establecieron también nuevos derechos humanos que la vieja Constitución nunca había recogido. Esa reforma fue un poco más allá de los programas políticos hasta entonces conocidos.

La reforma fiscal se hizo fuera del Pacto con el apoyo del PRI y del PRD, objetada con fuerza por el PAN y por Morena. Para parte de la izquierda, era la primera vez en casi 30 años que se aumentaba la progresividad del impuesto sobre la renta y se eliminaban o limitaban algunos regímenes fiscales de privilegio. Cuando el PRD nació tomó esos planteamientos de las izquierdas anteriores. No había justificación alguna para impedir la reforma fiscal (cosa que se podía fácilmente) aunque tuviera insuficiencias. En otras palabras, hubiera sido una vergüenza que la izquierda, toda ella, saliera corriendo de la coyuntura fiscal tan largamente esperada.

La reforma llamada energética fue obra del PRI y el PAN. No se encontraba firmada en el Pacto y el PRD no podía suscribir ninguno de sus puntos. No obstante, se dice que esa reforma ha sido producto del Pacto a sabiendas de que se miente. Por el contrario, la reforma energética fue la causa de su desaparición con la evidente satisfacción  de Peña quien se liberaba así de tener que responder por el contenido verdadero del Pacto.

Sí, el Pacto por México contribuyó al desprestigio del PRD pero principalmente debido a la torpeza de la dirección de ese partido en la forma en que fue firmado y por la falta absoluta de discusión previa e, incluso, de debate posterior. Si alguien tiene necesidad de apegar sus razonamientos a los hechos concretos, podría leer el Pacto y comprobar que esas reformas ahí enunciadas, en su mayoría, siguen siendo necesarias y forman parte de las propuestas progresistas del país. Ojalá se lograran ahora o mañana bajo el gobierno que fuera. Sigue habiendo en la izquierda, en efecto, un conflicto con la democracia a pesar de los años y la experiencia.