El espanto del populismo

PUBLICADO EN EL UNIVERSAL. 15.04.2017

 

Europa está conmovida por el avance de un llamado populismo que ya no es euroexcéptico sino claramente contrario a la Unión Europea, más aun después del referéndum que llevó al Brexit. Es un nacionalismo de derecha que recuerda no pocos aspectos del nazismo, el facismo y el franquismo aunque, al menos por lo pronto, no se encuentre sobre las armas.

La presidencia de Trump, un Ejecutivo de minoría nacional pero con mayoría partidista en el Poder Legislativo al que se le denomina populista por ser autárquico y xenófobo, ha conmovido al mundo aunque nada de lo que decía como candidato ha podido hacer hasta ahora.

Las presidencias denominadas populistas en América Latina son todavía varias, aunque se observan desde la derecha como fenómenos en decadencia, en especial por la destitución de la presidenta de Brasil y la derrota del partido de Cristina Fernández en Agentina. La aguda crisis política en Venezuela confirma al parecer los augurios, no obstante el triunfo de la izquierda en Ecuador, aunque haya sido por un pelo.

Tenemos, como se observa, varios populismos pero tan diferentes que no se sabe que significa el término. Sin tener que crear categorías ni hacer estudios politológicos, ciertos intelectuales conservadores y muchos periodistas han ligado a derechas e izquierdas bajo la descripción de que el populismo es el método político irreverente y demagógico de exaltar a los sectores populares y descontentos.

En México, el partido de Peña Nieto, es decir, el aparato oficialista y sus estructuras electorales, se ha lanzado a mil voces a combatir el populismo, idea que le ha encantado a los precandidatos del PAN, quienes se han sumado con entusiasmo a esa campaña. Las causas inmediatas de esas arremetidas mediáticas son los estudios demoscópicos que, aunque sus autores se encuentran en franco desprestigio, son las únicas referencias disponibles: López Obrador va arriba en todas las encuestas.

No se dice a las claras que tenemos en México el populismo europeo ni el estadunidense. A tan desfiguradas aseveraciones no podrían llegar los voceros presidenciales y los escritores de slogans en el Partido Acción Nacional. Por lo cual, no hay más remedio que volver a ligar al posible candidato de la izquierda con el gobierno venezolano, mucho más ahora que éste no está en auge político sino en declive y arrastra una brutal crisis económica. Que se vea México en el espejo de Venezuela es la mejor idea que se les ha ocurrido a las derechas.

El problema es que ningún dirigente de izquierda en México se le parece a Nicolás Maduro ni estaría dispuesto a cometer las desviaciones, arbitrariedades y francas estupideces con las que ha castigado a Venezuela.

El supuesto populismo, entendido como demagogia y exaltación vana del descontento popular, pero no como categoría de la ciencia política, carece de referente alguno en el momento actual del país. El debate se encuentra en otro lado. México tiene tres grandes problemas urgentes que deben ser resueltos cuanto antes: la corrupción que lo corroe, las disfunciones de un inoperante sistema político de democracia dosificada y el endémico estancamiento económico con su pésima distribución del ingreso.

El populismo en México es un espanto para meter miedo y no encarar el debate político ante la falta de propuestas concretas de parte de las derechas.

 

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