Archivo por meses: julio 2015

Hay algo inexplicado

Durante varias semanas los inversionistas líquidos pusieron su atención en el anuncio de que la Reserva Federal (banco central) de Estados Unidos iba a anunciar que puede ser que por fin anuncie (así, con todos esos escalones) la elevación de sus tasas de interés. Tales capitalistas dueños del dinero estuvieron comprando dólares con la perspectiva de colocarlos mejor en el mercado estadunidense a partir de un posible cambio en el rédito. El problema es que cuando la Reserva dice que no es necesaria la elevación de tasas de interés y que la economía va razonablemente bien, entonces se incrementa la tasa diaria de devaluación del peso en lugar de regresar a algún estadio anterior. O sea, que cuando se va anunciar algo, tenemos problemas cambiarios, y cuando no se anuncia nada nuevo, también los tenemos o los tenemos más aún.

Lo mismo ha ocurrido con el otro anuncio, el del PIB estadunidense, el cual retomó impulso después de verse a la baja: 2.3 por ciento en el trimestre abril-junio. Nada mal para el mundo actual (hay que ver de qué tamaño es la economía estadunidense y de qué tamaño resulta ese porcentaje), con lo cual Estados Unidos toma rumbo hacia el logro de una tasa de crecimiento de 3 por ciento durante el año actual. Pero en lugar de que haya optimismo por parte de los dueños del capital-dinero ante la perspectiva de que México recobre exportaciones, lo que tenemos es más compra de dólares. Al paso, no tarda la divisa verde en colocarse en 20 pesos por unidad cuando la inflación en Estados Unidos no pasa de 2 por ciento anual.

El gobierno, por su lado, no explica nada, quizá porque no sabe como hacerlo o porque cualquier cosa que diga va a contradecir el discurso oficial de que estamos de maravilla. Hace un par de días se dijo por parte de Peña Nieto que al fin se logró respeto en el mundo por la estabilidad macroeconómica de México (lo dijo en privado, cenando con unos directivos de una empresa llamadaBlackRock). Vaya respeto: se podrían perder unos 50 mil millones de dólares de reservas en un dos por tres si continúa el mercado fuertemente comprador de divisas. Y, aunque la cosa carece de una lógica rigurosa, eso puede ocurrir porque unos cuantos toman decisiones imparables y ahí es donde reside gran parte del problema mexicano.

El Banco de México ya tomó el rumbo de arriesgar más en sus subastas (ayer ofreció 200 millones, lo cual podría hacerlo a diario, para llegar en 250 días útiles a los 50 mil millones), pero, como ya se sabe, aquellas tampoco son suficientes para detener una corrida financiera. Estamos en un punto del ciclo del capital especulativo invertido en México que pareciera que alguien toca un clarín con el tono de retirada y los capitalistas le hacen caso como si fuera una orden. ¿A dónde va el dinero? Pues a colocarse con tasas menores pero con mayor seguridad. Entonces México tendría ahora mismo que promover la elevación de las tasas internas de interés para retener el capital especulativo a un costo mucho más alto que el actual y con repercusiones mayores en la tasa de crecimiento.

Estamos de nuevo bajo la maldición de país expuesto a unos cuantos inversionistas que son siempre recibidos con halagos y presentados como referencia de la estabilidad económica del país y de la confianza en México, todo lo cual es echado por la borda a la hora del consabido toque de clarín. Dice Peña que el mundo ha aprendido de México pero el problema es que México no ha aprendido de sí mismo y sigue teniendo los mismos gobernantes (PRI-PAN-PRI) que le llevan por el camino de los desastres. Por lo pronto, digamos que vamos por la vereda de lo inexplicado.

¿Y la economía?

Detrás del chorro de dólares que se escapa hacia el norte están el enorme diferencial de intereses que cobran los dueños del dinero por mantener sus capitales en México. La dependencia es tan fuerte que los menores movimientos del rédito o del PIB estadunidenses se reflejan en México con una fuerza que resulta imparable con el uso de los instrumentos del gobierno de Peña Nieto.

La debilidad de la política económica, en parte denunciada anteayer por la Concamín, abarca la falta de compromiso gubernamental aunque sólo fuera para anticipar inversiones como le piden los industriales. El hecho es que la economía mexicana no ha logrado generar una expectativa de rompimiento de su endémico estancamiento. Si con altos precios del petróleo y con una buena plataforma de exportación la economía no reaccionó porque tal situación era insuficiente y no se acompañaba de otra política económica, con una reducción de 50 por ciento en el ingreso por crudo esa misma política es ya recesiva.

La masiva salida de capital-dinero de México ha producido una devaluación del peso que asciende ya a una cuarta parte desde que la moneda mexicana se ubicó durante un buen tiempo alrededor de 12.50 pesos por dólar. Esto quiere decir que con una baja inflación en Estados Unidos tenemos un encarecimiento rápido de mercancías procedentes del norte de donde procede más del 80 por ciento de los bienes importados. La procedente disminución de los precios de las exportaciones no ha logrado defender del todo las plazas comerciales estadunidenses, por lo visto. Esta doble situación determina que la devaluación no es un  ajuste que pudiera promover la venta de productos mexicanos en Norteamérica, pero probablemente creará un escenario de expropiación inicua del salario mediante el doble proceso de abaratamiento relativo de la fuerza de trabajo y encarecimiento de los bienes importados o con componentes de importación que son ampliamente consumidos por los trabajadores.

Durante algunos meses, la economía mexicana ha aguantado la amenaza de un proceso inflacionario brusco pero ni lo ha hecho del todo ni podrá por más tiempo resistir la devaluación por efecto de un mercado marcadamente comprador de dólares. La reserva internacional del Banco de México es grande pero llega apenas a la mitad de lo que pudiera ser una gigantesca retirada de dinero que se encuentra tan suelto y tan líquido que una vez más amenaza brutalmente no sólo la capacidad de pagos del país sino la estabilidad económica.

Las cosas siguen su proceso y Peña Nieto está esperando un milagro porque no se observa ninguna reacción. Las disminuciones del gasto público no podrían ser las mejores porque no obedecen a un buen plan y porque lo que producen es un mayor estrechamiento del mercado interno. La palanca mayor de la economía sería un programa de inversión pública y privada que aunque en versión relativamente pequeña ya se había anunciado pero con malos proyectos por lo cual ha quedado en casi nada. Como la elevación de las tasas de interés internas es inminente, el costo de la deuda pública va a subir pero también el de la privada con lo que se desalentarán las inversiones a pesar de las declaraciones fantásticas del club de los Hombres de Negocios. Total: una desgracia.

Con la política económica centrada en equilibrios que no se pueden manejar internamente y, por consiguiente, con la renuencia a emprender una plan propio para producir más, generar empleos y elevar el ingreso per capita, no se puede hacer gran cosa. La política económica del PRI es exactamente la misma que la del PAN pues en gran parte se basa en el mantenimiento de bajos salarios como instrumento de una competencia con el exterior que se reduce en realidad a Estados Unidos pero que condena al país a una depresión crónica de su mercado interno. Sin el crecimiento de este último no podrá haber una economía en expansión, por lo cual la política de Peña Nieto sólo tiene como desenlace la crisis económica. Ya lo veremos dentro de poco. Bueno, ya lo estamos viendo de alguna manera.

La desnudez del Estado corrupto

Enrique Peña Nieto ha reaccionado frente a la fuga del Chapo Guzmán con expresiones que tienden a repartir la culpa. Se trata sin embargo de un descrédito del gobierno, de su gobierno, pues ése era el encargado de la custodia y nadie más. La evasión se hizo en la cárcel de más alta seguridad en el país, de donde nadie antes había podido fugarse. Tendría que haber responsabilidad política, pero no, Peña ofrece sólo la cabeza de empleados de menor relevancia como si éstos no hubieran tenido jefes.

Pero esta fuga denota algo mucho más complejo. El Estado corrupto mexicano –el fenómeno más duro del México contemporáneo—ha quedado una vez más desnudo. Todos hemos visto una fotografía instantánea de lo que es este Estado y la profundidad de su corrupción estructural. La fuga del Chapo se ha prestado a toda clase de bromas, chistes, diretes y burlas pero se trata de una expresión muy concreta de nuestra realidad política.

Sólo en un Estado como el mexicano es posible que exista una organización capaz de lograr una evasión de Almoloya como la que se ha visto. Casi durante un año, con absoluto sigilo y una disciplina a toda prueba, con toda la información de localización exacta y un trazo geométrico preciso, con la excelente colaboración interna que tal operación requería y también el bien guardado secreto de los cómplices, la mayor organización de narcotraficantes hizo posible en minutos poner en libertad a su jefe.

Aquí encontramos otro rasgo relevante de la  fuga del Chapo Guzmán: la unidad del cartel de Sinaloa, su elevada organización y disciplina, su capacidad para emprender acciones sin disidencias o competencias internas. No es así el gobierno y, en general, la administración pública que colaboró con la fuga, por un lado, u omitió prevenir tal acontecimiento, por otro.

Si el Chapo había logrado su fuga de Puente Grande disfrazado de ropa sucia, se tenía que sospechar que lo intentaría de nuevo pero por otra vía. La excavación de túneles para la evasión de prisiones es una técnica muy antigua. Entre más profundo es el cimiento de la cárcel, mayor la profundidad del túnel. Eso es sencillo. No se debería nadie admirar de la obra de construcción tan elemental; lo admirable es el secreto bien guardado de la obra y la localización exacta del lugar donde iba estar el Chapo en un minuto determinado para entrar en el túnel sin que “nadie” se diera cuenta. Todos esos elementos sí que son dignos de ser analizados a profundidad. Este es el Estado corrupto: los vínculos tan funcionales entre la función pública venal y la organización de la delincuencia extraestatal, la ejecución de planes tan precisos y su realización tan exacta. No es ironía: el Estado, en especial el gobierno, funciona mejor cuando actúa en beneficio personal de los funcionarios, es decir, en tanto Estado corrupto. Todo se ha perdido pero en especial la probidad y, en consecuencia, la función pública del Estado. El fenómeno Chapo con su organización casi perfecta y su disciplina es una evidencia mayor de esa terrible enfermedad que padece México: el Estado corrupto.

Fraude electoral

El PRI pretende clonar sus siete diputados cachirules que se dice son del Partido Verde (así llamado) pero que en realidad son priistas. El mecanismo de clonación se realizaría mediante un fraude a la Constitución y un fraude electoral. Como se sabe, el PRI obtuvo menos del 30 por ciento de la votación pero no obstante su fracaso en las urnas puede sobrerrepresentarse en la Cámara debido a su elevado número de diputados de mayoría relativa. Sin embargo, para estos casos la Constitución dice que el partido que se encuentre en tal situación no podrá tener más curules que su porcentaje de votación efectiva más ocho puntos. Así es la cláusula de tope de sobrerrepresentación.

El mecanismo es sencillo: se le asigna a ese partido un número máximo de diputados y la diferencia entre sus constancias de mayoría y dicho número se cubre con curules de representación proporcional. De esa manera el PRI no podría tener más de 202 bancas en San Lázaro entre unis y pluris. El problema está en que dentro de los diputados de mayoría relativa que se pretenden adjudicar al Verde (así llamado) se encuentran siete cachirules que son conocidos y muy activos políticos priistas. Como esos siete no contarían en las curules de mayoría del PRI entonces este partido tendría derecho a más plurinominales para alcanzar el número de 202. En otras palabras, por cada cachirul el PRI obtendría un diputado adicional de lista de tal manera que en lugar de 202 tendría 209, pero esto es lo que no permite a Constitución.

Al mismo tiempo, esas siete curules plurinominales que el PRI obtendría de manera fraudulenta se le restarían a los demás partidos, de tal manera de que además de hacer un fraude a la Constitución (engañar para impedir la aplicación de la Carta Magna) tendríamos un fraude electoral simple (alterar el resultado de las elecciones).

Si este fraude llegara a consumarse se modificaría la composición de la Cámara de Diputados respecto de la decisión tomada por los votantes, pero ¿con qué propósito? La cuestión es sencilla. El PRI había metido más cachirules en la coalición que pactó con el Partido Verde (así llamado) pero sólo siete lograron obtener el triunfo. El propósito era lograr que la coalición que formó tuviera en su conjunto 251 curules por lo menos y así fue todo planeado: la coalición era para eso. Pero como no todos los cachirules ganaron, el fraude se limita a obtener 249. ¿Por qué Peña Nieto quería la mayoría absoluta directa en la Cámara? No hay más que una respuesta posible y esa es la que usted está pensando.

El fraude se planteó como una necesidad política del presidente de la República vinculada al control presupuestal que, se dice, requiere Peña Nieto para los próximos tres años. No negociar nada del presupuesto con otro partido sería toda una hazaña en los tiempos actuales en México. Como sabemos, la autorización de gasto no pasa por el Senado (el cual no ha tenido cambio) sino que se limita a la Cámara de Diputados y eso lo explica todo.

Si el INE se hiciera cómplice de este fraude maquinado desde Los Pinos habría contribuido a su creciente descrédito. Si, por el contrario, esa autoridad defendiera la Constitución entonces nos enfrentaríamos a un tribunal de pronóstico nada reservado. Pero hay que luchar una vez más contra el fraude electoral.

Yanis Varoufakis

“Portaré el odio de los acreedores con orgullo” ha dicho Yanis Varoufakis al dejar el ministerio de finanzas de Grecia y, al tiempo, se ha convertido en un referente indispensable de la historia de la lucha contra los poderes financieros del mundo. Varoufakis ha dejado su cargo por demanda de los acreedores a quienes por lo visto les faltan argumentos con los cuales vencer al griego. El pueblo de Grecia ha dicho no, lo cual no depende de que Varoufakis sea ministro de finanzas o un diputado sin cartera. Pero la actitud de éste, en consonancia con el gobierno del que formó parte de manera brillante, es lo que prevalece. Dadle a los cobardes la presa que más desean en sus ansias de venganza pues eso no comprometerá la decisión de todo un pueblo en rebeldía frente a los usureros de Europa.

La izquierda, el Pacto y la votación

El llamado Pacto por México se convirtió en una mala frase dentro de la izquierda y en algunos círculos panistas. Tal vez por eso se dice ahora que influyó en las recientes elecciones, pero para medir su impacto es preciso hacer lo que antes no se hizo: el análisis del pacto mismo.

El Pacto fue redactado y firmado al estilo priista: en secreto y, luego, en una ceremonia pomposa y ridícula. El error del PRD no fue proponer la elaboración del acuerdo político sino haberlo hecho sin consultar al partido; algo semejante le ocurrió al PAN.

Después de las elecciones de 2012 las principales fuerzas políticas tenían que llegar a acuerdos si en realidad buscaban lograr algo en los primeros dos años del sexenio. El contenido del Pacto correspondía a lo que habían expresado los partidos aunque también había temas nuevos, especialmente para el PRI. Las cosas eran más complicadas para el PRD porque éste había acusado a Peña de hacer un fraude electoral a través de  la anticipación de su campaña en la televisión y mediante un gasto mayor que el permitido. Una vez más, a la izquierda se le presentaba un dilema entre la actitud política y la posición política. La primera es algo generalizador, es un rechazo o una aceptación en bloque. La segunda es un conjunto de propuestas y unas decisiones tomadas según el contenido de los proyectos y los contextos. En la lucha parlamentaria siempre ha tenido la izquierda ese dilema y no siempre lo ha resuelto bien ya fuera hacia un lado o hacia el otro.

Peña aceptó la propuesta de un acuerdo puntual que no contuviera línea general de gobierno ni significara alianza política. Era la mejor forma de mantener la confrontación sobre la política general sin ahogar todo intento de cambio. El asunto central era que una vez que los votantes se habían expresado, los partidos los tomaran en cuenta en lugar de ignorarlos como se acostumbra. El hecho concreto era que en el país no había ninguna fuerza mayoritaria. Es lo que ahora ocurre, por ejemplo, en la Ciudad de México, donde debería invitarse a Morena a un acuerdo o de plano a formar parte del gobierno por ser el nuevo partido más votado y ser de izquierda. En síntesis, hay que acatar el mandato de las urnas o nunca se podrá siquiera aspirar a ser demócrata. Por lo visto, aquí sigue abierto un debate dentro de la izquierda 35 años después de la participación electoral del Partido Comunista.

El Pacto contenía asuntos de la agenda nacional en los que no se habían producido acuerdos en el pasado reciente. Por ello era un acuerdo amplio aunque no se trataba de un cambio de rumbo general. Había en la agenda dos reformas impostergables sobre las cuales venía insistiendo la izquierda: la administración del sistema de educación básica y las telecomunicaciones. En el primer tema, el gran problema se llama SNTE y se conoce como Gordillo, mecanismo que privatizó bajo el control de un grupo a miles de establecimientos escolares en el país; en el segundo, destaca la existencia de dos monopolios, América Móvil y Televisa. López Obrador había abordado durante su campaña ambos problemas aunque sin definir rumbo concreto. En cambio, Peña Nieto no tenía esos temas en su agenda pública.

Gordillo fue a la cárcel y la reforma, mal llamada educativa en lugar de administrativa, le arrebató al SNTE y por esa vía a la CNTE parte de su control burocrático. Desde la izquierda sin embargo se ha apoyado al viejo sistema en el que los líderes sindicales imponían a directores e inspectores además de repartir plazas y despedir profesores, pero se trata de un apoyo reactivo que exhibe la falta de un proyecto propio para la administración del sistema educativo. La CNTE ha tomado el peso principal de la defensa del modelo gremial de rectoría educativa y financiamiento político aunque los líderes del SNTE siempre han sido los principales beneficiarios de ese gremialismo en cuanto a sus influencias burocráticas e ingresos económicos.

La reforma de telecomunicaciones tuvo como propósito relevante la regulación antimonopólica pues ni siquiera ésta existía en el país. Ha quedado pendiente, aunque dibujada, la creación de una nueva televisión de Estado con fuerte financiamiento público. Se establecieron también nuevos derechos humanos que la vieja Constitución nunca había recogido. Esa reforma fue un poco más allá de los programas políticos hasta entonces conocidos.

La reforma fiscal se hizo fuera del Pacto con el apoyo del PRI y del PRD, objetada con fuerza por el PAN y por Morena. Para parte de la izquierda, era la primera vez en casi 30 años que se aumentaba la progresividad del impuesto sobre la renta y se eliminaban o limitaban algunos regímenes fiscales de privilegio. Cuando el PRD nació tomó esos planteamientos de las izquierdas anteriores. No había justificación alguna para impedir la reforma fiscal (cosa que se podía fácilmente) aunque tuviera insuficiencias. En otras palabras, hubiera sido una vergüenza que la izquierda, toda ella, saliera corriendo de la coyuntura fiscal tan largamente esperada.

La reforma llamada energética fue obra del PRI y el PAN. No se encontraba firmada en el Pacto y el PRD no podía suscribir ninguno de sus puntos. No obstante, se dice que esa reforma ha sido producto del Pacto a sabiendas de que se miente. Por el contrario, la reforma energética fue la causa de su desaparición con la evidente satisfacción  de Peña quien se liberaba así de tener que responder por el contenido verdadero del Pacto.

Sí, el Pacto por México contribuyó al desprestigio del PRD pero principalmente debido a la torpeza de la dirección de ese partido en la forma en que fue firmado y por la falta absoluta de discusión previa e, incluso, de debate posterior. Si alguien tiene necesidad de apegar sus razonamientos a los hechos concretos, podría leer el Pacto y comprobar que esas reformas ahí enunciadas, en su mayoría, siguen siendo necesarias y forman parte de las propuestas progresistas del país. Ojalá se lograran ahora o mañana bajo el gobierno que fuera. Sigue habiendo en la izquierda, en efecto, un conflicto con la democracia a pesar de los años y la experiencia.